¿Y si llevamos 2000 años haciendo la pregunta equivocada sobre la astrología?

 

¿Y si llevamos 2000 años haciendo la pregunta equivocada sobre la astrología?

HACIA UNA EPISTEMOLOGÍA DE LA PRÁCTICA ASTROLÓGICA

Una concepción no causal basada en la modelización simbólica, la interpretación y el problema de la semejanza interpretativa

 

INTRODUCCIÓN

El propósito de este trabajo no es demostrar la verdad de la astrología ni proponer una explicación causal de su funcionamiento. Su objetivo es formular, de manera explícita y crítica, un marco epistemológico desde el cual pueda comprenderse una práctica astrológica desarrollada durante cuarenta y tres años.

La experiencia profesional acumulada —miles de consultas, numerosas interpretaciones y un importante número de acontecimientos posteriormente observados— constituye el punto de partida de esta reflexión. No se presenta como demostración científica. La duración de una práctica y la cantidad de casos observados no constituyen por sí mismas una prueba de validez objetiva. Pueden, sin embargo, aportar observaciones, permitir comparaciones, revelar errores, perfeccionar procedimientos y generar hipótesis.

La tesis de este trabajo es deliberadamente limitada: la astrología puede comprenderse como una práctica organizada de modelización simbólica y de interrogación de carácter oracular, sustentada en una arquitectura técnica e histórica. Mediante procedimientos determinados, el astrólogo utiliza configuraciones astrológicas y categorías simbólicas para construir modelos interpretativos aplicables a personas, situaciones, acontecimientos, instituciones y procesos temporales.

La cuestión epistemológica central no consiste en descubrir qué fuerza produce los acontecimientos. Consiste en examinar cómo se construyen esos modelos, qué relación mantienen con aquello a lo que se aplican y bajo qué condiciones una interpretación puede presentar una semejanza relevante con una experiencia o con un acontecimiento verificable. Esta semejanza debe distinguirse cuidadosamente de la interpretación retrospectiva, del reconocimiento subjetivo, de la elasticidad semántica y de los efectos generales de la construcción humana de significado.

I. EL PROBLEMA EPISTEMOLÓGICO

Una parte importante de la discusión sobre astrología se ha desarrollado alrededor de la causalidad. Una
posición sostiene que los cuerpos celestes ejercen algún tipo de influencia física, energética o espiritual sobre los acontecimientos humanos. Otra sostiene que, al no existir evidencia suficiente de una influencia de ese tipo, la astrología carece necesariamente de valor cognitivo.

Ambas posiciones pueden compartir un supuesto que conviene revisar: que la única manera de justificar o evaluar la astrología sería demostrar una relación causal entre las configuraciones celestes y los acontecimientos.

Esta concepción no adopta ese supuesto. No atribuye a los astros la producción física de acontecimientos, estados psicológicos o circunstancias humanas. Tampoco necesita recurrir a fuerzas, energías, radiaciones, campos, resonancias, mecanismos cuánticos o mecanismos materiales desconocidos.

Esto no constituye una afirmación metafísica acerca de todo vínculo físico posible. Significa algo más preciso: esta concepción de la práctica astrológica no necesita una hipótesis causal para describir y analizar su funcionamiento.

La pregunta cambia entonces de naturaleza: ¿cómo funciona, desde el punto de vista epistemológico, una práctica que utiliza configuraciones celestes y procedimientos técnicos para construir modelos simbólicos de la experiencia? Esta reformulación no demuestra la validez de la astrología. Permite estudiar la práctica que efectivamente se realiza sin atribuirle de antemano una teoría causal que no forma parte de esta concepción.

II. ESTATUTO DE LA PRÁCTICA ASTROLÓGICA

En esta concepción, la astrología no se considera una ciencia natural ni pretende transformarse en una. Tampoco se considera necesario justificarla mediante una teoría causal del universo.

Resulta más apropiado describirla como una práctica organizada de interpretación simbólica y de interrogación de carácter oracular, sustentada en técnicas, reglas, categorías y procedimientos históricamente desarrollados. «Oracular» se utiliza aquí en sentido funcional: designa una modalidad de interrogación en la que un procedimiento previamente establecido transforma determinadas configuraciones en respuestas dentro de un código simbólico. No implica la existencia de una entidad sobrenatural ni de un mecanismo físico desconocido.

Conviene distinguir cuatro niveles:

• La astrología como tradición histórica: conjunto amplio y plural de conocimientos, categorías, técnicas y prácticas desarrolladas a lo largo del tiempo.
• El sistema astrológico: arquitectura concreta de categorías, reglas, jerarquías y procedimientos utilizada por un practicante.
• Los procedimientos astrológicos: operaciones técnicas mediante las cuales se calculan y relacionan configuraciones.
• La práctica astrológica: actividad efectiva mediante la cual el astrólogo selecciona, organiza, pondera, interpreta y contextualiza esas configuraciones.

La afirmación positiva de esta concepción no es que los astros causen acontecimientos, sino que determinados procedimientos proporcionan una arquitectura formal para construir modelos interpretativos que pueden ser confrontados con la experiencia y con acontecimientos observables. La construcción del modelo no demuestra por sí misma su validez externa; esa cuestión pertenece a la evaluación posterior.

III. DISTINCIONES FUNDAMENTALES

Para evitar confusiones epistemológicas deben distinguirse los siguientes niveles:

• Dato astrológico: configuración obtenida mediante un procedimiento técnico: posiciones planetarias,
casas, aspectos, ciclos, direcciones, progresiones, revoluciones u otros elementos del sistema.
• Sistema: conjunto de categorías, reglas, jerarquías y relaciones mediante el cual esos datos adquieren significado astrológico.
• Operación interpretativa: actividad mediante la cual el astrólogo selecciona, articula, pondera y organiza elementos del sistema para construir una hipótesis simbólica.
• Modelo simbólico: construcción estructurada de significados realizada a partir de una configuración mediante las categorías y relaciones del sistema. Representa las relaciones simbólicas que el sistema permite establecer, sin pretender representar causalmente la generación de los acontecimientos.

• Modelo interpretativo: aplicación contextual de ese modelo simbólico a una persona, situación, acontecimiento, proceso o pregunta concreta. Por tanto, el modelo simbólico organiza el material según el sistema; el modelo interpretativo formula qué puede significar ese material en un caso determinado.
• Contextualización previa: operación mediante la cual el modelo simbólico se relaciona con una persona, situación, acontecimiento, proceso o pregunta concreta utilizando únicamente la información disponible antes del resultado que posteriormente se pretende evaluar.
• Resultado: experiencia subjetiva, conducta, circunstancia o acontecimiento que posteriormente puede compararse con la formulación previa.
• Evaluación: procedimiento mediante el cual se determina el grado de semejanza interpretativa entre la formulación previa y el resultado, según criterios establecidos antes de conocerlo cuando ello sea posible.

La secuencia básica es:

Configuración → Sistema → Operación interpretativa → Modelo simbólico → Contextualización previa → Modelo interpretativo → Resultado → Evaluación.

Esta separación es fundamental. El resultado que se pretende evaluar no debe intervenir en la construcción del modelo cuando se intenta medir capacidad anticipatoria. De lo contrario, la comparación posterior queda contaminada por información que no estaba disponible en el momento de formular la interpretación.

IV. LA CARTA GEO-ESTELAR COMO ESTRUCTURA SIMBÓLICA

La carta astrológica puede entenderse como una estructura organizada de configuraciones y relaciones simbólicas. No es la persona, el país, la institución o el acontecimiento al que se aplica.

Una carta natal no es el individuo. Una carta mundana no es el país. Una carta horaria no es el acontecimiento por el cual se consulta.

La carta constituye material estructural para la construcción de un modelo. No debe suponerse que contiene, independientemente del intérprete y del contexto, un significado único que simplemente espera ser descubierto.

Los signos, planetas, casas, aspectos, ciclos y demás elementos son categorías pertenecientes a un sistema simbólico. La existencia de una configuración técnica no determina por sí misma una interpretación única.

La estabilidad de las reglas del sistema tampoco implica estabilidad universal entre todas las escuelas astrológicas. Puede existir estabilidad metodológica dentro de una práctica determinada y, simultáneamente, pluralismo técnico entre tradiciones diferentes.

V. EL ASTRÓLOGO COMO OPERADOR DE MODELIZACIÓN

La operación central de la práctica astrológica es la modelización. Modelizar consiste en construir un
modelo simbólico de una situación utilizando las categorías y relaciones propias del sistema.

El proceso puede esquematizarse así:

Configuración → Procedimiento técnico → Selección y ponderación de indicadores → Modelo simbólico → Contextualización previa → Modelo interpretativo → Confrontación posterior con el resultado.

Los datos astrológicos proporcionan el material formal. Las técnicas establecen relaciones estructurales y temporales. La interpretación organiza esas relaciones. La contextualización las transforma en una formulación aplicada a un caso.

El resultado no es el acontecimiento mismo ni una copia objetiva de él. Es un modelo construido acerca de un objeto de interpretación.

Por ello, el centro de la investigación se desplaza desde una supuesta acción causal de los astros hacia la actividad concreta mediante la cual se construyen interpretaciones y se las confronta con aquello que ocurre o es experimentado.

La competencia del astrólogo es epistemológicamente relevante porque interviene en la selección, ponderación y articulación de los indicadores. Por eso una eventual semejanza no puede atribuirse automáticamente a la arquitectura astrológica: también debe considerarse cuánto depende de las capacidades generales del intérprete.

VI. SIGNIFICADO, RESTRICCIÓN Y CIRCULARIDAD

El significado astrológico no puede considerarse completamente contenido en la carta con independencia del intérprete y del contexto. Surge de la interacción entre la estructura del sistema, los procedimientos utilizados, la competencia del astrólogo, las decisiones interpretativas y el contexto disponible antes de la evaluación.

Esto no significa que cualquier interpretación sea válida. El sistema impone restricciones internas: no todas las interpretaciones son igualmente compatibles con sus categorías, reglas y relaciones. En este sentido, el significado es construido, pero no arbitrario en relación con las reglas del sistema.

Esta restricción es interna. No constituye, por sí misma, una garantía de semejanza externa.

Debe evitarse, además, una circularidad metodológica: si el resultado posterior modifica el significado del símbolo antes de evaluarlo, la interpretación deja de ser estrictamente anticipatoria. Por ello conviene separar la información utilizada para construir el modelo de la información utilizada para evaluar su adecuación posterior.

Pueden distinguirse al menos:

• coherencia con el sistema;
• adecuación contextual;
• reconocimiento subjetivo;
• semejanza interpretativa;
• ajuste factual, cuando exista un acontecimiento externo verificable;
• anterioridad;
• especificidad;
• capacidad discriminativa;
• estabilidad bajo condiciones comparables.

Ninguna de estas propiedades equivale automáticamente a las demás. La semejanza interpretativa tampoco equivale automáticamente a acierto: una interpretación puede resultar semejante a posteriori sin haber sido suficientemente específica o discriminativa para constituir una anticipación evaluable.

VII. DE LA «CORRESPONDENCIA» A LA SEMEJANZA INTERPRETATIVA

El término «correspondencia» puede sugerir una relación objetiva, causal, estadística o estructural que
no ha sido establecida. Por ello, para describir con mayor prudencia la comparación entre una interpretación y un resultado, resulta preferible hablar inicialmente de «semejanza interpretativa».

Semejanza interpretativa designa el grado y la naturaleza de la relación de similitud que puede establecerse entre una formulación interpretativa previa y un resultado posterior, cuando ambos comparten rasgos identificables según criterios definidos con anterioridad. No equivale simplemente a compatibilidad ni a éxito: exige identificar qué rasgos fueron anticipados, qué rasgos se observaron y qué diferencias o resultados incompatibles podían haberse presentado. Tampoco implica por sí misma causalidad, correlación estadística, identidad entre símbolo y acontecimiento ni una propiedad objetiva de la configuración astrológica.

Una semejanza puede ser débil o fuerte, amplia o específica, anticipada o retrospectiva, verificable o dependiente del reconocimiento subjetivo. Por eso no debe confundirse «se parece a lo ocurrido» con «la interpretación acertó»: el acierto presupone criterios de evaluación y una posibilidad real de discrepancia. Su valor epistemológico depende de las condiciones bajo las cuales fue obtenida y evaluada.

La semejanza interpretativa debe tratarse, por tanto, como una hipótesis evaluable y no como un hecho evidente. La pregunta no es simplemente si una interpretación «se parece» a lo ocurrido, sino qué elementos de esa semejanza estaban definidos antes del resultado, qué alternativas quedaban excluidas y cuánto trabajo interpretativo posterior fue necesario para producirla.

Cuando se trate de acontecimientos externos verificables, puede estudiarse además si existe un ajuste factual entre la formulación y el acontecimiento. Esta expresión queda reservada a casos en los que el resultado puede establecerse con independencia suficiente de la valoración del intérprete.

VIII. DIMENSIONES DE LA SEMEJANZA

No toda semejanza entre una interpretación y una experiencia posee el mismo valor epistemológico. Conviene distinguir varias dimensiones que no constituyen una única escala lineal.

• Compatibilidad: el resultado no contradice la formulación previa.
• Adecuación: existe un ajuste entre aspectos definidos de la formulación y aspectos definidos del resultado.
• Especificidad: la formulación delimita qué se afirma, en qué ámbito, período y condiciones.
• Capacidad discriminativa: la formulación permite distinguir entre resultados que habrían sido considerados diferentes antes de conocer el desenlace.
• Anterioridad: la formulación fue registrada antes del resultado evaluado.
• Verificabilidad: el resultado puede documentarse con independencia suficiente de la valoración subjetiva del intérprete.
• Estabilidad: una relación semejante se observa bajo condiciones comparables y no solamente en un caso aislado.
• Costo de acomodación: cantidad de modificaciones, excepciones, ampliaciones semánticas o selecciones retrospectivas necesarias para hacer compatible la interpretación con el resultado.

Estas dimensiones deben mantenerse separadas. Una formulación puede presentar elevada adecuación retrospectiva y baja especificidad. Puede ser anterior al acontecimiento y, sin embargo, tan amplia que prácticamente cualquier resultado sea compatible con ella.

El costo de acomodación es especialmente relevante: cuanto más depende una semejanza de modificaciones posteriores al resultado, menor es su valor como evidencia de capacidad anticipatoria.

IX. RECONOCIMIENTO SUBJETIVO Y EXPERIENCIA FENOMENOLÓGICA

Cuando un consultante afirma: «Esto describe exactamente lo que estoy viviendo», lo que puede 
establecerse directamente es que experimenta un alto grado de reconocimiento. Ese reconocimiento es un dato real de la consulta.

Pero no demuestra por sí mismo que el sistema astrológico posea una propiedad objetiva que explique el reconocimiento, ni que la interpretación sea objetivamente verdadera, ni que el resultado pueda generalizarse.

La subjetividad constituye un objeto legítimo de observación cuando el objeto de la interpretación es la experiencia del sujeto. Debe distinguirse, sin embargo, entre:

«El consultante experimentó un alto grado de reconocimiento».

y:

«El sistema astrológico posee objetivamente la propiedad de producir ese reconocimiento».

La primera afirmación describe una experiencia. La segunda constituye una hipótesis adicional.

La evaluación fenomenológica requiere especial cuidado porque el consultante conoce la interpretación y puede reorganizar retrospectivamente su experiencia en función de ella. Por eso el reconocimiento espontáneo puede ser un dato de la práctica, pero no equivale a una evaluación independiente de la interpretación.

X. ANTICIPACIÓN Y CAPACIDAD DISCRIMINATIVA

La anterioridad temporal aumenta el interés epistemológico de una interpretación, pero no basta por sí sola.

La capacidad anticipatoria no se establece mediante una anticipación acertada aislada, sino mediante una relación suficientemente estable entre formulaciones realizadas previamente y resultados posteriores, evaluada bajo criterios explícitos y condiciones comparables.

Una anticipación puede formularse antes del acontecimiento y, sin embargo, ser tan amplia que casi cualquier resultado pueda considerarse compatible con ella. Por ejemplo: «Este período puede traer cambios, expansión, tensión, transformación o nuevas oportunidades». Como lenguaje interpretativo, la formulación puede ser legítima; como instrumento de evaluación anticipatoria, posee baja capacidad discriminativa.

Cuando se pretenda evaluar anticipación, conviene establecer previamente:

• período;
• ámbito;
• características anticipadas;
• grado de especificidad;
• condiciones de aplicación;
• resultados compatibles;
• resultados incompatibles;
• nivel de generalidad admisible.

La capacidad discriminativa debe ocupar un lugar central: una formulación adquiere mayor valor evaluativo cuando permite distinguir anticipadamente entre resultados que no habrían sido considerados equivalentes.

La apertura interpretativa puede ser una característica legítima del lenguaje simbólico. No debe convertirse en inmunidad frente al error.

XI. PREDICCIÓN, ANTICIPACIÓN E INTERPRETACIÓN RETROSPECTIVA

Deben diferenciarse tres operaciones.

• Predicción factual: afirma que ocurrirá un acontecimiento determinado. Por ejemplo: «La persona obtendrá un ascenso el 14 de octubre». Su alto grado de especificidad permite una evaluación clara.
• Anticipación simbólica: delimita un período dentro del cual determinadas dinámicas, tensiones, procesos o configuraciones experienciales pueden adquirir relevancia. No determina por sí misma un acontecimiento concreto.
• Interpretación retrospectiva: examina una configuración después de ocurrido un acontecimiento y establece qué semejanza interpretativa puede encontrarse entre ambos.

La interpretación retrospectiva puede poseer valor hermenéutico y generar hipótesis. Tiene, sin embargo, menor fuerza como evidencia de capacidad anticipatoria, porque después del acontecimiento aumenta la información disponible y también la posibilidad de adaptar el significado del símbolo al resultado.

Una semejanza retrospectiva no debe presentarse como si hubiera sido anticipada previamente.

La precisión de una interpretación posterior tampoco puede superar retrospectivamente la precisión de la formulación original. Si una formulación era amplia antes del acontecimiento, no puede adquirir una precisión mayor por el solo hecho de que posteriormente se haya encontrado un acontecimiento compatible.

XII. EL FUTURO COMO CAMPO ABIERTO DE POSIBILIDADES

Desde esta concepción, los procedimientos astrológicos no permiten establecer de manera unívoca un único futuro factual.

Pueden utilizarse para construir modelos de períodos, procesos, climas, tensiones, oportunidades, dinámicas experienciales y escenarios interpretativamente admisibles.

El término «posibilidad» debe utilizarse con precisión. No equivale a probabilidad estadística. Sin frecuencias observacionales o procedimientos cuantitativos que permitan asignar probabilidades, no corresponde utilizar «probable» como sinónimo de «posible».

La práctica astrológica, en esta formulación, construye modelos interpretativos acerca de un futuro abierto, no una distribución estadística de futuros.

La apertura del futuro no debe convertirse, sin embargo, en una licencia para considerar cualquier desenlace como compatible. Un escenario abierto sigue necesitando límites interpretativos si se pretende evaluarlo epistemológicamente.

XIII. EL TIEMPO ASTROLÓGICO

Las técnicas astrológicas permiten determinar con precisión matemática el momento de determinadas configuraciones. Pero esta precisión debe distinguirse de la precisión de las semejanzas interpretativas.

Pueden distinguirse cuatro niveles:

• precisión astronómica: cálculo de la configuración celeste;
• precisión técnica: delimitación del período según el procedimiento utilizado;
• precisión interpretativa: determinación del intervalo considerado relevante;
• precisión empírica: grado en que el intervalo anticipado coincide con la experiencia o el acontecimiento observado.

Las primeras pueden determinarse mediante cálculo y definición del procedimiento; la última requiere observación.

La precisión temporal del procedimiento astrológico no debe utilizarse como garantía de precisión experiencial. Una configuración calculada con exactitud puede dar lugar a una formulación interpretativa temporalmente amplia; por ello, precisión astronómica y precisión empírica pertenecen a niveles diferentes.

XIV. CUARENTA Y TRES AÑOS DE EXPERIENCIA PROFESIONAL

Cuarenta y tres años de práctica profesional y miles de consultas constituyen una acumulación considerable de experiencia. Esa experiencia puede permitir reconocer patrones, comparar situaciones, detectar errores, perfeccionar interpretaciones, ponderar indicaciones, observar diferentes manifestaciones de un mismo simbolismo y evaluar la utilidad práctica de determinadas técnicas.

Pero la duración de una práctica no confiere autoridad automática sobre la verdad del sistema. Tampoco miles de consultas equivalen necesariamente a miles de pruebas independientes.

La experiencia profesional está expuesta a selección de casos, memoria selectiva, expectativas, confirmación, lenguaje, contexto, interacción, reinterpretación y sesgos del observador.

Su valor epistemológico aumenta cuando puede convertirse en un registro examinable: formulaciones previas, resultados, discrepancias, comparaciones y revisiones. La experiencia constituye, por tanto, una fuente de conocimiento práctico y de generación de hipótesis, no una demostración concluyente de validez objetiva.

XV. EL PROBLEMA DE LA ESPECIFICIDAD ASTROLÓGICA

Existe una cuestión que esta epistemología no puede eludir: ¿la astrología presenta alguna capacidad específica para generar determinadas semejanzas interpretativas, o participa simplemente de capacidades generales de los sistemas simbólicos para organizar la experiencia?

Que un sistema simbólico genere reconocimiento, contextualización, construcción de sentido, organización narrativa o identificación de patrones no demuestra que esas capacidades sean específicamente astrológicas.

Por ello deben distinguirse dos problemas:

• la capacidad general de los sistemas simbólicos para generar interpretaciones significativas;
• la eventual capacidad específica de la arquitectura astrológica para producir determinados resultados interpretativos bajo condiciones comparables.

Investigar la segunda cuestión exige comparar procedimientos y considerar alternativas.

Una pregunta especialmente exigente es: ¿qué resultado sería más difícil de explicar mediante un dispositivo simbólico alternativo?

La especificidad astrológica no debe darse por supuesta. Si una determinada semejanza puede producirse con igual facilidad mediante otro sistema simbólico, esa semejanza posee menor fuerza como evidencia de una propiedad específica de la astrología.

La cuestión más exigente consiste, por tanto, en determinar qué, si algo, hace que una semejanza interpretativa sea atribuible diferencialmente a la arquitectura astrológica y no a capacidades generales de interpretación humana. Esto exige comparar no solo resultados, sino también el grado de especificidad que puede obtenerse con procedimientos alternativos.

XVI. CONVERGENCIA INTERPRETATIVA Y PLURALISMO TÉCNICO

La práctica astrológica puede presentar cierto grado de convergencia interpretativa entre distintos practicantes. Astrólogos que utilizan técnicas semejantes pueden producir interpretaciones parcialmente convergentes.

Sin embargo, la convergencia no implica identidad ni constituye por sí misma replicabilidad experimental estricta.

El pluralismo técnico existente dentro de la astrología hace que no exista una autoridad metodológica universal que determine exhaustivamente qué técnicas utilizar, qué jerarquía asignarles, qué orbes emplear, qué indicadores privilegiar o qué constituye un resultado correcto.

Esto no impide hablar de estabilidad metodológica dentro de una práctica concreta. Debe distinguirse la estabilidad local de un sistema de trabajo del pluralismo global de la tradición astrológica.

La convergencia entre intérpretes es un dato relevante sobre la práctica. Pero puede reflejar propiedades del sistema, formación compartida, convenciones de la tradición, procedimientos comunes o mecanismos generales de interpretación.

Convergencia interpretativa no equivale automáticamente a semejanza externa ni a especificidad astrológica.

XVII. EL PROBLEMA DEL ERROR Y DEL FRACASO

Una epistemología rigurosa debe permitir que una interpretación sea considerada incorrecta.

Pueden distinguirse:

• Error técnico: cálculo, datos o procedimiento defectuosos.
• Error interpretativo: la hipótesis formulada no presenta una adecuación suficiente según criterios previamente establecidos.
• Ambigüedad estructural: una configuración admite varias interpretaciones y no existen criterios suficientes para determinar anticipadamente cuál será relevante.
• Resultado discrepante: el resultado observado no satisface los criterios previamente establecidos.
• Reinterpretación retrospectiva: una formulación inicialmente inadecuada se modifica después del acontecimiento hasta volverla compatible con algún aspecto de lo sucedido.

La causa de una discrepancia puede permanecer abierta en un caso individual. Pero una acumulación sistemática de resultados discrepantes bajo condiciones comparables constituye evidencia contra la estabilidad de una determinada relación interpretativa y puede obligar a modificar o abandonar la hipótesis correspondiente.

Esta posibilidad es indispensable. Si todo resultado negativo pudiera atribuirse indefinidamente a una excepción, a un error del intérprete, a una condición no considerada o a una modificación del contexto, el sistema quedaría protegido artificialmente contra el error.

Una regla fundamental es:

Una interpretación posterior no puede atribuir retrospectivamente a una interpretación anterior mayor precisión de la que realmente poseía.

Del mismo modo, la acumulación de discrepancias no debe ocultarse bajo reinterpretaciones sucesivas. Registrar el fracaso forma parte del método.

XVIII. CRITERIOS DE EVALUACIÓN

Si la semejanza interpretativa constituye una hipótesis, también deben existir condiciones de discrepancia.

Toda evaluación rigurosa debería preguntar:

• ¿Qué se había afirmado antes del resultado?
• ¿Con qué grado de especificidad?
• ¿Para qué período?
• ¿Sobre qué ámbito?
• ¿Qué ocurrió efectivamente?
• ¿Qué aspectos coinciden?
• ¿Qué aspectos no coinciden?
• ¿Fue necesario modificar la interpretación?
• ¿Cuántas modificaciones fueron necesarias?
• ¿Podría la misma formulación haber acomodado resultados muy diferentes?
• ¿El reconocimiento dependió principalmente de la valoración subjetiva?
• ¿La formulación discriminaba entre resultados posibles?
• ¿Qué resultado habría sido considerado incompatible?
• ¿Se habría formulado la misma interpretación si se hubiera conocido otro resultado?

La evaluación debe comparar la formulación original con el resultado, no una versión reconstruida de la formulación.

Estas preguntas no convierten automáticamente la práctica en ciencia experimental. Introducen control epistemológico sobre la práctica.

El objetivo no es demostrar una interpretación a toda costa, sino determinar qué fue realmente anticipado, qué ocurrió, qué grado de semejanza puede establecerse, qué discrepancias aparecieron, cuánto costó acomodar el resultado y qué incertidumbre permanece.

XIX. SESGO DE CONFIRMACIÓN Y CONTROL DE LA MEMORIA

El sesgo de confirmación constituye uno de los principales problemas epistemológicos de la práctica. Puede operar tanto sobre el astrólogo como sobre el consultante.

El astrólogo puede privilegiar acontecimientos que parecen confirmar una interpretación y prestar menor atención a los que la contradicen. El consultante puede reinterpretar posteriormente su experiencia para hacerla coincidir con el modelo recibido.

La amplitud semántica de muchos símbolos incrementa este riesgo.

Por ello, cuando se pretende evaluar capacidad anticipatoria, resulta necesario:

• registrar la interpretación antes del acontecimiento;
• conservar el registro original;
• diferenciar anticipación de reinterpretación;
• registrar también lo que no ocurrió;
• evitar ampliar indefinidamente el significado de un símbolo;
• establecer criterios previos de evaluación cuando sea posible;
• registrar las modificaciones introducidas después del resultado;
• estimar el costo de acomodación retrospectiva.

El sesgo no puede eliminarse por completo. Pero sus posibles efectos pueden hacerse visibles y limitarse mediante procedimientos de registro, comparación y conservación de la formulación original.

XX. RELACIÓN CON LA CIENCIA

Esta concepción no pretende transformar la astrología en una ciencia natural. Pero tampoco utiliza su carácter simbólico como argumento para sustraerla de toda evaluación crítica.

La cuestión metodológica consiste en especificar qué afirmaciones realiza la práctica y qué tipo de evidencia sería pertinente para cada una.

Entre los criterios relevantes se encuentran:

• coherencia conceptual;
• claridad terminológica;
• explicitación de procedimientos;
• consistencia interna;
• transparencia interpretativa;
• registro anticipado;
• conservación de registros;
• reconocimiento de discrepancias;
• control de sesgos;
• comunicación de incertidumbre;
• diferenciación entre observación e interpretación;
• especificidad;
• capacidad discriminativa;
• estabilidad bajo condiciones comparables;
• comparación con alternativas explicativas.

Estos procedimientos introducen formas de control metodológico y de contraste empírico sobre determinados aspectos de la práctica. No resuelven por sí mismos la cuestión ontológica ni convierten automáticamente a la astrología en una ciencia natural.

La ausencia de una explicación causal no demuestra la existencia de una semejanza interpretativa relevante. Del mismo modo, la falta de una hipótesis causal no impide investigar si determinadas semejanzas aparecen de forma estable y diferencial respecto de alternativas.

XXI. EL ASTRÓLOGO COMO OPERADOR EPISTEMOLÓGICO

El astrólogo no necesita ser concebido como alguien que descubre un significado objetivo previamente contenido en la carta. Opera un sistema técnico y simbólico.

Selecciona elementos, establece relaciones, pondera indicadores, construye modelos, los contextualiza y los confronta con la experiencia.

Su actividad comprende:

• selección;
• organización;
• ponderación;
• modelización;
• interpretación;
• contextualización;
• evaluación.

La calidad de esta operación depende, entre otros factores, del dominio técnico, la claridad conceptual, la experiencia profesional, la capacidad para reconocer límites, el control de sesgos, la capacidad para registrar errores y la honestidad epistemológica.

La experiencia puede mejorar la operación interpretativa del astrólogo y reducir errores interpretativos. No convierte automáticamente al astrólogo en una autoridad sobre la verdad del sistema.

Autoridad profesional y justificación epistemológica son cuestiones diferentes.

XXII. UTILIDAD Y VERDAD

Una interpretación puede ser significativa, útil, esclarecedora, organizadora, heurística o psicológicamente relevante sin que estas propiedades demuestren que sea objetivamente verdadera.

Del mismo modo, una interpretación puede presentar una semejanza con un hecho concreto sin que el procedimiento mediante el cual fue obtenida quede validado de manera general.

La utilidad de una interpretación y la verdad objetiva de la teoría que la produce son cuestiones diferentes.

Una práctica puede resultar valiosa para organizar preguntas, elaborar hipótesis o comprender experiencias sin que ello resuelva las cuestiones ontológicas acerca de la astrología.

El éxito práctico de una consulta no constituye, por sí mismo, prueba suficiente de una teoría sobre la naturaleza de la realidad.

XXIII. LA ASTROLOGÍA COMO ARTEFACTO CULTURAL Y DISPOSITIVO DE INTERROGACIÓN

La astrología puede estudiarse, en cuanto tradición y sistema, como un artefacto cultural e histórico compuesto por categorías, procedimientos y convenciones desarrollados a lo largo del tiempo. Esta caracterización describe su génesis y transmisión; no resuelve por sí misma la cuestión de la semejanza interpretativa que pueda producir en la práctica.

Cuando es utilizado en una práctica concreta, ese artefacto funciona como dispositivo de interrogación y modelización.

Como artefacto, la astrología constituye una construcción histórica y cultural. Como dispositivo, constituye un conjunto operativo de procedimientos mediante los cuales determinadas configuraciones son transformadas en modelos interpretativos.

El carácter oracular debe entenderse aquí en sentido funcional. No implica necesariamente una entidad sobrenatural que proporcione las respuestas ni un mecanismo físico desconocido.

La analogía con un dispositivo convencional de codificación permite comprender solamente esta dimensión formal: un resultado puede transformarse en una respuesta cuando existe previamente un código que asigna significado a sus estados. Pero la existencia del código no demuestra que la respuesta corresponda a la realidad consultada.

Precisamente allí comienza el problema astrológico: bajo qué condiciones los modelos producidos mediante el dispositivo presentan una semejanza interpretativa suficientemente específica y discriminativa con aquello por lo que se consulta.

La complejidad de la arquitectura astrológica —ciclos, relaciones geométricas, jerarquías técnicas, múltiples procedimientos y escalas temporales— no demuestra por sí misma una relación externa.

El carácter histórico y cultural del sistema tampoco demuestra por sí mismo ni la existencia ni la inexistencia de semejanzas con aquello que interpreta. La génesis del dispositivo y la evaluación de los resultados pertenecen a planos analíticos diferentes.

XXIV. LA EXPERIENCIA COMO PUNTO DE PARTIDA, NO COMO PRUEBA ABSOLUTA

La experiencia profesional constituye una de las principales razones para mantener la práctica y continuar la investigación.

Después de cuarenta y tres años, determinadas observaciones recurrentes pueden resultar suficientemente relevantes como para justificar la continuidad del trabajo interpretativo.

Pero la experiencia no debe confundirse con demostración.

Puede proporcionar razones para formular hipótesis, revisar procedimientos, comparar casos, mantener una práctica e investigar determinadas semejanzas interpretativas.

No proporciona por sí sola una demostración de la naturaleza objetiva del sistema.

Las razones para practicar no son necesariamente razones suficientes para afirmar que una teoría es objetivamente verdadera.

XXV. OBSERVACIÓN DIRECTA DE LA PRÁCTICA

Ante un interlocutor escéptico, una posición epistemológicamente rigurosa no consiste en exigirle que crea en la astrología ni en recurrir a la autoridad del astrólogo.

Una alternativa consiste en hacer observable la práctica que se pretende analizar:

• datos utilizados;
• técnicas aplicadas;
• reglas empleadas;
• selección de indicadores;
• construcción del modelo simbólico;
• contextualización previa;
• formulación concreta;
• registro previo de lo anticipado;
• experiencia posterior;
• acontecimientos verificables;
• coincidencias;
• discrepancias;
• modificaciones posteriores;
• costo de acomodación.

La observación directa de una consulta no demuestra científicamente la validez de la astrología. Pero permite estudiar el fenómeno real que se pretende evaluar, en lugar de discutir exclusivamente contra una versión causal que esta concepción no sostiene.

XXVI. INDEPENDENCIA RESPECTO DE LA INTERPRETACIÓN

El problema central puede formularse de manera más precisa.

Una semejanza interpretativa no debe concebirse inicialmente ni como una propiedad objetiva ya demostrada de las configuraciones astrológicas ni como una mera proyección subjetiva.

Puede investigarse como una relación entre una arquitectura simbólica, una operación interpretativa, un contexto y una experiencia o acontecimiento.

La cuestión decisiva es determinar cuánto de esa semejanza puede explicarse suficientemente por las operaciones interpretativas, el contexto, las expectativas y los mecanismos generales de construcción de significado, y si queda algún componente estable que pueda atribuirse diferencialmente al dispositivo astrológico.

De aquí se desprenden preguntas específicas:

• ¿qué constituye una semejanza interpretativa evaluable?
• ¿qué grado de adecuación debe exigirse?
• ¿qué especificidad debe poseer la formulación?
• ¿qué capacidad discriminativa debe tener?
• ¿qué condiciones permiten reconocerla?
• ¿qué condiciones permiten descartarla?
• ¿cuánto depende del intérprete?
• ¿cuánto depende del consultante?
• ¿qué papel desempeña el contexto?
• ¿qué diferencia existe entre experiencia subjetiva y acontecimiento externo?
• ¿qué capacidad anticipatoria puede establecerse?
• ¿qué parte del fenómeno puede explicarse mediante mecanismos generales de interpretación?
• ¿existe alguna especificidad propia de la arquitectura astrológica?
• ¿qué resultados serían difíciles de explicar mediante sistemas simbólicos alternativos?

Estas preguntas constituyen un programa de investigación epistemológica, no una conclusión anticipada.

XXVII. TESIS MÍNIMA

La tesis que puede sostenerse a partir de esta concepción es la siguiente:

La práctica astrológica permite construir, mediante procedimientos técnicos y simbólicos determinados, modelos interpretativos que, en numerosos casos de mi experiencia profesional, han presentado una semejanza relevante con aspectos de la experiencia o con acontecimientos observables. Esta afirmación describe una observación de la práctica; no determina por sí misma la naturaleza ni el fundamento de esa semejanza.

Estas observaciones constituyen razones experienciales para continuar la práctica y la investigación. No permiten determinar por sí solas la naturaleza, especificidad, fundamento o independencia de esas semejanzas respecto del proceso interpretativo.

Esta tesis no afirma que los astros influyan causalmente sobre nosotros. No afirma que exista necesariamente un mecanismo físico desconocido. Tampoco afirma que toda semejanza demuestre la verdad de la astrología.

Sostiene una proposición más limitada: determinados procedimientos astrológicos permiten construir modelos que, bajo determinadas condiciones, pueden presentar semejanzas interpretativas con aspectos de la experiencia o con acontecimientos verificables.

La investigación consiste entonces en determinar bajo qué condiciones ocurre esto, con qué especificidad, con qué capacidad discriminativa, con qué estabilidad bajo condiciones comparables, con qué costo de acomodación y en qué medida puede diferenciarse de fenómenos generales de interpretación, contextualización y reconocimiento de patrones.

XXVIII. CONSECUENCIAS METODOLÓGICAS

De esta concepción se desprenden principios para una práctica astrológica epistemológicamente rigurosa:

• Registrar anticipadamente las interpretaciones cuando se pretenda evaluar capacidad anticipatoria.
• Conservar los registros originales.
• Distinguir dato, procedimiento, modelo simbólico, interpretación, hipótesis, experiencia, acontecimiento y evaluación posterior.
• Separar estrictamente la información utilizada para construir el modelo de la información obtenida después del resultado.
• Distinguir reconocimiento subjetivo de semejanza evaluada.
• Distinguir experiencia subjetiva de acontecimiento externo verificable.
• No aumentar retrospectivamente la precisión de una anticipación.
• Establecer previamente, cuando sea posible, condiciones de compatibilidad e incompatibilidad.
• Registrar discrepancias y resultados negativos.
• Controlar la elasticidad semántica.
• Registrar las modificaciones introducidas después del resultado.
• Considerar el costo de acomodación retrospectiva.
• Reconocer la participación del astrólogo, del consultante, del lenguaje y del contexto.
• Diferenciar utilidad de verdad.
• Evitar causalidades no justificadas.
• Comunicar la incertidumbre.
• Admitir interpretaciones alternativas cuando el sistema y el contexto no permitan discriminar suficientemente.
• Comparar, cuando se estudie la especificidad, con otros dispositivos simbólicos o interpretativos.
• No convertir la experiencia acumulada en demostración por el solo hecho de su duración.
• Considerar que una acumulación sistemática de resultados discrepantes puede obligar a modificar o abandonar una hipótesis.

XXIX. HONESTIDAD EPISTEMOLÓGICA

La honestidad epistemológica no consiste en acertar siempre. Consiste en no afirmar más de lo que los procedimientos utilizados permiten sostener.

Implica:

• no presentar como hecho aquello que es una interpretación;
• no presentar como certeza aquello que es una posibilidad;
• no afirmar causalidad sin evidencia de causalidad;
• no convertir una semejanza retrospectiva en una anticipación;
• no transformar un error en un acierto mediante reinterpretación;
• registrar y reconocer discrepancias;
• comunicar la incertidumbre;
• reconocer la participación del intérprete;
• reconocer la participación del consultante;
• distinguir experiencia de demostración;
• reconocer interpretaciones alternativas;
• no utilizar la experiencia profesional como argumento suficiente de verdad;
• no utilizar la ausencia de una explicación causal como prueba de validez;
• no utilizar la flexibilidad semántica para volver imposible el fracaso.

La regla fundamental es:

El grado de certeza expresado debe ser proporcional al grado de justificación disponible.

Esta regla no garantiza que una interpretación sea verdadera. Garantiza algo diferente: que la afirmación realizada no exceda injustificadamente las razones disponibles para sostenerla.

XXX. SÍNTESIS DEL MODELO EPISTEMOLÓGICO

La posición desarrollada puede representarse mediante la siguiente secuencia:

Configuración astrológica

Sistema técnico y simbólico

Operación interpretativa del astrólogo

Modelo simbólico

Contextualización previa

Modelo interpretativo

Experiencia y/o acontecimiento

Criterios de evaluación establecidos previamente

Evaluación de semejanza

Hipótesis de semejanza interpretativa

Esta secuencia permite formular una consecuencia fundamental: la semejanza no debe considerarse una propiedad evidente de la configuración astrológica.

Debe considerarse una hipótesis acerca de la relación entre un modelo construido mediante un sistema simbólico y determinados aspectos de la experiencia o acontecimientos verificables.

Esa relación puede ser parcial, ambigua, específica o inespecífica; puede contener coincidencias y discrepancias; puede haber sido anticipada o reconstruida retrospectivamente; puede mostrar estabilidad en determinados contextos y no mostrarla en otros.

Por eso puede investigarse sin convertirla en una afirmación dogmática.

XXXI. FORMULACIÓN NUCLEAR

La astrología puede comprenderse como una práctica organizada de modelización simbólica y de interrogación de carácter oracular, en la que procedimientos técnicos convierten configuraciones en modelos interpretativos susceptibles de confrontación.

Mediante una arquitectura técnica históricamente desarrollada, el astrólogo utiliza configuraciones astrológicas, procedimientos y categorías simbólicas para construir modelos aplicables a personas, situaciones, acontecimientos e intervalos temporales.

Estos modelos no son considerados representaciones objetivas de aquello a lo que se aplican ni implican, dentro de esta concepción, una relación causal entre las configuraciones celestes y los acontecimientos.

El significado del modelo surge de la articulación entre sistema simbólico, procedimientos técnicos, operación interpretativa, competencia del astrólogo y contexto previo.

La carta no debe considerarse un depósito de significados objetivos que el astrólogo simplemente descubre. El astrólogo opera un dispositivo cultural y simbólico y construye modelos interpretativos.

La cuestión central consiste en investigar qué grado de semejanza puede existir entre esos modelos y la experiencia o los acontecimientos, bajo qué condiciones, con qué especificidad, capacidad discriminativa y estabilidad, y cuánto de esa semejanza puede explicarse por factores generales de interpretación.

En mi práctica profesional he observado numerosas situaciones de este tipo. Esas observaciones constituyen razones para continuar investigando, pero no permiten determinar por sí solas la naturaleza de la semejanza, su fundamento, su especificidad, su independencia respecto del intérprete o del contexto, ni su eventual superioridad frente a otros sistemas simbólicos.

XXXII. CONCLUSIÓN

La astrología puede investigarse sin necesidad de atribuir a los astros una acción causal. Puede comprenderse como una práctica técnica y simbólica de interrogación y modelización de la experiencia.

El problema epistemológico decisivo es establecer bajo qué condiciones los modelos que produce presentan una semejanza interpretativa específica, discriminativa y estable con la experiencia o con acontecimientos verificables, y cuánto depende esa semejanza del intérprete, del contexto y de mecanismos generales de construcción de significado.

La experiencia profesional permite formular hipótesis; el registro de aciertos y discrepancias permite someterlas a examen. Mantener abierta esta cuestión y no afirmar más de lo que las razones disponibles permiten sostener constituye el núcleo de una práctica astrológica epistemológicamente honesta.

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